4.28.2010

Porque era mía

La quería. Todas las mañanas la miraba. Ella era mi luz, hacía que levantarse fuera el mayor de mis placeres con tal de ver su sonrisa cada mañana. Y sin más, un día, me dedicó una a mi. Quién pensaría que años después tendría el privilegio de levantarme cada mañana y poder deleitarme con su angelical expresión antes de irme a trabajar, poder verla dormir a mi lado.
Y hoy la veo fea, triste, distante, pero sobre todo fea. Me pregunta por qué llego tarde del trabajo, y le contesto que me lié con mis compañeros, que estuve charlando, cuando en realidad he invitado a la nueva secretaria del vicepresidente a "tomar una copa". Supongo que todo el mundo habrá entendido esas comillas.
Y cuando llego a casa, después de estar con una espectacular jovenzuela de apenas 23 años, veo a mi mujer, con una bata de vieja, haciendo de comer, con el pelo alborotado y sin maquillaje. Que fea estaba.
¿Por qué ya nunca te pones guapa?, le pregunté, y tiene la insolencia de contestarme "Para qué ponerme guapa, si y a no me miras". Me hirvió la sangre. ¿Cómo se atrevía a contestarme así? ¿Qué clase de respeto tenía hacia el hombre que llevaba un sueldo a casa?
Le dije que no subiera el tono si no quería que me enfadara, y ella sigue en su cínico tono, respondiéndome que ella podría valerse por sí misma si quisiera, que no me necesitaba. ¡Já! Que ilusa...
Y así seguimos discutiendo, hasta que me harté tanto que no tuve más remedio que callarla, levanté la mano y propiné el golpe tras el cual el silencio se hizo solo durante un instante, antes de que ella rompiera a llorar y me mirase con los ojos del miedo. Me tenía miedo. Así aprendería.
Y tras ese golpe hubieron más. No ese día, pero sí los siguientes, hasta que un día llegaron unos agentes a casa y me esposaron, me llevaron a juicio y me penalizaron con diez años de cárcel por maltrato.
Desde la cárcel escribo mi historia, y sé que pronto, gracias a mi buena conducta, saldré de aquí para volver a verla, y entonces...
Me vengaré por todo lo que me ha hecho sufrir. Esta vez no habrá hematomas, no lágrimas, solo sangre, amarga y bella sangre.
Pronto llegará tu hora, querida mía, pronto...
Di NO al maltratador. La hora que está a punto de llegar no es la de una mujer fictícea, si no la de muchas mujeres que hoy día sufren la degradación de los golpes y el dolor. ACTÚA.


Por Michelle Martínez. Visítame en tuenti.com ;)

No hay comentarios:

Publicar un comentario