La quería. Todas las mañanas la miraba. Ella era mi luz, hacía que levantarse fuera el mayor de mis placeres con tal de ver su sonrisa cada mañana. Y sin más, un día, me dedicó una a mi. Quién pensaría que años después tendría el privilegio de levantarme cada mañana y poder deleitarme con su angelical expresión antes de irme a trabajar, poder verla dormir a mi lado.
Y hoy la veo fea, triste, distante, pero sobre todo fea. Me pregunta por qué llego tarde del trabajo, y le contesto que me lié con mis compañeros, que estuve charlando, cuando en realidad he invitado a la nueva secretaria del vicepresidente a "tomar una copa". Supongo que todo el mundo habrá entendido esas comillas.
Y cuando llego a casa, después de estar con una espectacular jovenzuela de apenas 23 años, veo a mi mujer, con una bata de vieja, haciendo de comer, con el pelo alborotado y sin maquillaje. Que fea estaba.
¿Por qué ya nunca te pones guapa?, le pregunté, y tiene la insolencia de contestarme "Para qué ponerme guapa, si y a no me miras". Me hirvió la sangre. ¿Cómo se atrevía a contestarme así? ¿Qué clase de respeto tenía hacia el hombre que llevaba un sueldo a casa?
Le dije que no subiera el tono si no quería que me enfadara, y ella sigue en su cínico tono, respondiéndome que ella podría valerse por sí misma si quisiera, que no me necesitaba. ¡Já! Que ilusa...
Y así seguimos discutiendo, hasta que me harté tanto que no tuve más remedio que callarla, levanté la mano y propiné el golpe tras el cual el silencio se hizo solo durante un instante, antes de que ella rompiera a llorar y me mirase con los ojos del miedo. Me tenía miedo. Así aprendería.
Y tras ese golpe hubieron más. No ese día, pero sí los siguientes, hasta que un día llegaron unos agentes a casa y me esposaron, me llevaron a juicio y me penalizaron con diez años de cárcel por maltrato.
Desde la cárcel escribo mi historia, y sé que pronto, gracias a mi buena conducta, saldré de aquí para volver a verla, y entonces...
Me vengaré por todo lo que me ha hecho sufrir. Esta vez no habrá hematomas, no lágrimas, solo sangre, amarga y bella sangre.
Pronto llegará tu hora, querida mía, pronto...
Di NO al maltratador. La hora que está a punto de llegar no es la de una mujer fictícea, si no la de muchas mujeres que hoy día sufren la degradación de los golpes y el dolor. ACTÚA.
Por Michelle Martínez. Visítame en tuenti.com ;)
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