-¿Cómo que son niños? –preguntó Roger atónito.
-No son niños realmente, sólo lo son en apariencia. Al parecer, los magos al servicio de Hordon han ido más allá de lo permitido, han formado alianzas con el diablo y ahora sus soldados tienen la apariencia de jóvenes y tiernos niños, mas tienen igual fuerza, igual destreza e igual entrenamiento que los soldados que antes eran. El niño que estaba en el callejón era uno de ellos. Se les puede diferenciar por la manera de pensar. Piensan como adultos, actúan como adultos, como lo que son. No pueden evitarlo. Mi intención no era asesinarle, pero sabía demasiado, no podía permitir que…
-Tranquilo, Crow, no hay por qué dar explicaciones. Hiciste lo que debías, tienes plena libertad de actuación.
Crow se tranquilizó ante las palabras de Evan, y mientras todos murmuraban, éste último preguntó a Crow qué harían, respondiéndole Crow:
-Debemos prepararnos para todo. Esos niños tienen destrezas iguales a las de un humano adulto y entrenado, pero tienen un tamaño y un volumen que les da ventaja en batalla. Probablemente vengan a nosotros aparentemente desarmados, pero debemos actuar sin piedad. Ellos crean monstruos, nosotros los exterminamos. Es ley de supervivencia.
Y mientras todos dialogaban, irrumpió Juren, el joven, en la sala, gritando a plena voz que habían acabado con la tumba del rey Aldor. La habían reducido a polvo, la habían destrozado, alegando que en ese castillo ya no quedaba nada del reinado de aquel rey que, a ojos de Hordon, era un bastardo de sangre plebeya que no merecía un sitio en el castillo, ni aunque ese sitio fuese el que su tumba ocupaba.
Todos comenzaron a alborotarse, puesto que Hordon había picoteado como un pájaro carpintero la paciencia de los rebeldes, pero esto era demasiado, había colmado el vaso, les estaba provocando, incitándoles a salir, cegándoles por la furia, y lo consiguió… Al menos con uno de los rebeldes. Mientras todos discutían y alzaban la voz para ser escuchados, Crow se incorporó de su asiento y se giró con rapidez. Evan le detuvo agarrándole del brazo, y a pesar de que Crow tenía el rostro cubierto por su capucha, Evan pudo sentir su mirada de odio, y todas las copas que se hallaban sobre la mesa, las cuales no eran de cristal, sino que estaban hechas con mármol tallado, se resquebrajaron y estallaron como si estuviesen llenas de nitroglicerina y hubiesen sido sacudidas todas a la vez. El silencio se hizo, y se oyó el murmullo que salió de la garganta de Crow, propio de la ultratumba, que sólo dijo “Suéltame”. Evan le soltó sin dudarlo. No conocía demasiado a Crow, pero desde luego nunca le había visto así, y lo mejor era dejarle ir. Sabía que no cometería ninguna locura, que sólo necesitaba estar solo, y que lo mejor sería dejarle hacer lo que quisiera.
Crow salió de la sala y no regresó esa noche. Al día siguiente, cerca del mediodía, reapareció con dos ciervos a lomos, listos para asar. Se sentó junto a las mujeres de los rebeldes y las ayudó a despellejar los ciervos, pero no dijo ni una sola palabra. Comieron todos, todos menos él, que se aisló en sus aposentos con esa cortina de humo negro cubriendo la entrada. Evan subió hasta allí y, aunque sabía que no podía penetrar a través de esa columna de humo, lo intentó como hacía siempre. El humo era menos denso que de costumbre. Se percibían sombras al otro lado. La capa de Crow estaba colgada de ninguna parte, flotando en la nada, y Crow se hallaba en la bañera, puesto que su cabeza sobresalía de ella.
-Crow… ¿Estás bien? ¿Qué te ha ocurr…?
-Lárgate. No deseo hablar.
-Crow, te necesitamos ahí abajo. Todo es un caos, no puedo sobrellevarlo solo, necesito que me ayudes a tranquilizar a los rebeldes, quieren atacar al alba, mañana.
-Pues que ataquen, son libres de hacer lo que les plazca, precisamente por eso es por lo que son rebeldes y no siguen al bastardo al que la mayoría llaman rey.
-Crow, por favor, déjame entrar y hablemos.
-Basta, lárgate. –la columna de humo se hizo tupida, ya no se veía nada, y a los pocos segundos, Crow la atravesó y saltó al vacío, como hacía siempre.
Evan le siguió. Esta vez, Crow no parecía darse cuenta de que le seguían, porque iba mucho más despacio y con calma. Y así, sin previo aviso, echó a correr y Evan le perdió de vista, pero dejó un rastro tras de sí, no se preocupó por ser sigiloso, y Evan lo siguió. Llegó hasta un lugar en el que nunca había estado. Había una pequeña cascada, y un lago bastante grande, rodeado por árboles. La cascada hacía una especie de humareda, lo que indicaba que el agua se evaporaba con facilidad, es decir, estaba tibia. Evan no veía a Crow por ninguna parte, pero su capa, sus vestimentas, su espada, todas sus pertenencias estaban colgadas de la rama de uno de los árboles que rodeaban el lago, y entre todas aquellas pertenencias había vendas, muchas vendas, metros y metros de vendajes. Pero no estaban manchados, no había sangre en ellos. Entonces… ¿Para qué usaba tantas vendas Crow?
Oye!!! me encanta la historia, y estoy deseando que nos desveles ya la identidad de Crow!!
ResponderEliminarCome on, my bilingual friend, discover the identity of Crow yet! xD Noh, en serio, los lectores se te rayan, que lo sepas. Y sabes que te lo dice una que entiende de esto tanto como tú :P
ResponderEliminarBesotes <3 (L)